Cuando somos pequeños necesitamos compañía, cuando somos adultos creemos que no, pero también; en momentos de crisis necesitamos apoyos. Nos ocurre de adultos y de ancianos, aunque los motivos son diferentes.
En edades avanzadas no hay problemas de trabajo, ni otro tipo de crisis propias de la edad adulta, pero hay otros problemas; es habitual tener que resolver algo tan básico como la forma de salir de casa, como bañarme si tengo miedo a caerme, tengo que cambiar las sábanas y no puedo; actos cotidianos pero que se complican de forma incontrolada en la vejez, y que nosotros no moderamos. Estos asuntos generan inseguridad y ansiedad, y pueden desembocar en baja autoestima. Sin embargo, el problema puede desaparecer si tenemos buena compañía, dicho de otro modo, si alguien nos ayuda y así nosotros seguimos estando bien.
Aquellos que tiene mejor entorno, suelen tener mejor envejecimiento. Así he visto ancianos con amigos más jóvenes que conviven de forma amigable con buena integración de la persona de edad, o las familias que conviven con varios miembros de distintas generaciones. No hablo de una convivencia obligada sino de núcleos que se forman por lazos familiares, por creencias comunes religiosas o de otro tipo.
En mi profesión se conoce mucha gente, y he visto casos muy bien solucionados, con pacientes bien acompañados. Quizá deberíamos pensar en buscarnos buena compañía, lo que nos va a beneficiar en la vejez, es algo que puede que no se cuide ni se le dé importancia suficiente.

 
Mª Pilar Ochoa es medico especialista en geriatría y asesora de Sensovida.